viernes 8 de agosto de 2008

Señales


Llevo toda la vida convencida de que las cosas son más de lo que parecen. De que existen realidades que no podemos tocar, pero cuyo efecto notamos de pleno. De manera que siempre he confiado en lo que yo llamo “señales”, pequeñas incidencias sin mayor importancia para alguien que careciese de alma oriental.
La última “flechita” de estas me llegó entre las páginas de un libro comprado por Internet. Estaba yo mirándolo sin prestar demasiada atención cuando de entre sus hojas se me cayó delante una tarjetita color naranja, de esas de viajes de metro o de tren, de las antiguas, que no se sabía la fecha del viaje ni nada, de cartón duro, con una raya negra en medio. Era de diez viajes – se veían impresos los números de esos viajes, pero no 1, 2, etc., sino contados extrañamente: 331, 332, 334.
Nada más posar mis ojos en ella, desde mis adentros se levantó una voz que me susurró que era la tarjeta de metro de alguien que la usaba para ir a una biblioteca. La Bibliothèque Nationale Française. No sé por qué pensé que sería esa biblioteca y no cualquier otra. Además, con la misma convicción podía ver al viajero en el vagón de metro, con la ciudad pasándole por delante, viendo desde la ventanilla el reflejo rápido de árboles demasiado cargados de hojas delante de edificios de tipo gótico, altos, estilizados, con pequeñas torres rasgando el cielo de verano.
Y me invadió la alegría, una alegría sin motivos. Sentía en mí la alegría de estar viajando hacia la Bibliothèque, la alegría del verano y de su aire que había adquirido peso a mi alrededor, la alegría de saberme fuerte, de tener ganas de todo, de poder hundir mis dientes en la carne dura de un melocotón. Me alegré de ser yo misma sintiéndome más que solamente yo misma.

Hay viajes rondándome como mariposas, hay planes e ilusiones. Y también una tarjetita de metro, mensajera de porvenir y de pasado, que me fortalece en mi confianza. El melocotón es dulce. Mi melocotón es dulce.

miércoles 6 de agosto de 2008

Viernes Santo

Silencio. Las palabras se han escondido en las guaridas de mi alma. El silencio lo ha ocupado todo. Es un silencio denso, que se propaga y se multiplica. Todo lo que toca lo convierte en piedra. Por eso han huido las palabras. La vida que hay en ellas teme al silencio. Se refugian dentro de mí, sabiendo que el silencio no es eterno. El amor, sí. Y a ese amor, que resucita al tercer día, es a quien esperan. Para dar fe de su nacimiento, de su negación y de su vuelta a la vida. La Vida siempre gana.

viernes 1 de agosto de 2008

Aprendizaje


Ayer a estas horas estaba sentada en una de las mesas de la quinta planta de la biblioteca, en la sección de teología, envuelta en la paz palpable que emana de los libros. Con varios tomos de revistas francesas delante, me esmeraba en encontrar pistas que me llevasen a Ionesco. Medio apagado, escuché un ruido viniendo desde la gran ventana pared a mi derecha. Descubrí en la red metálica que hace de suelo en el exterior de la planta una golondrina con las alas abiertas, con la cabeza caída de lado y respirando como una posesa, a gran velocidad.
La luz que hay ahí arriba y la transparencia del cristal la hicieron pensar que había descubierto un atajo que nadie más había sido capaz de ver. La soberbia la cegó. Eso y la falta de experiencia. Fuese lo que fuese, temí por ella. Su respiración perdía el ritmo enloquecido del principio y su cabeza se inclinaba cada vez más. Yo la seguía cual fiel reflejo. Mi corazón latía más despacio y mi cuello abandonaba la verticalidad. Durante un tiempo, las dos intentamos convertirnos en piedras. Pero a ella no le convenció la idea y con un saltito, se incorporó sobre el metal. Retorciendo el cuello en todas las direcciones, se puso a analizar la situación. Estaba claro que intentaba reconocer su ruta invisible a mis ojos no preparados. Lo hacía con parsimonia. Quería encontrar el error de sus cálculos. “He venido por aquí, luego he dado la vuelta siguiendo esa ráfaga que sube por el árbol y he llegado al punto donde el aire se me ha vuelto compacto y he perdido la ola. Hmmmmm. Entiendo. Así que...”. Cambió de posición. Se fue hacia la izquierda. Creo que necesitaba ver las cosas con más perspectiva.
Cuando le pareció que había aprendido su lección, se lanzó de nuevo al vacío. Estoy de acuerdo con ella: en esta vida, uno no puede confiar solamente en la razón.

jueves 3 de julio de 2008

De camino


Los aeropuertos. Los últimos refugios modernos de la Torre de Babel. Estamos aquí todos, de todos los tamaños, colores y formas. Tenemos sandalias de playa y rastas, tenemos trajes elegantes o mucha prisa. Tenemos ganas de irnos o el deseo de quedarnos. Nos encontramos en un rincón de seguridad y confort o en las fauces del Minotauro de la tecnología.
Pero aquí estamos todos. Hablando de la música cansina o relajante de los altavoces comunitarios, fumando un cigarro antes de entrar en el turno de tarde, escuchando una conversación que no nos pertenece, admirando siluetas de contornos opulentos.
Nos miramos con curiosidad, con recelo, con deseo, sin vernos. Nos une la búsqueda. Nuestras esperanzas forman un techo difícil de sostener si no fuera por la abundancia de hombros en que las llevamos.
Vencedores y vencidos, en una patética mezcolanza de inconveniencias e inconsistencias. ¿Sabemos de verdad qué estamos buscando? Y si lo encontrásemos, si lo tuviésemos al alcance de la mano, ¿lo sabríamos reconocer?

Mors certa, vita incerta. O, lo que es casi lo mismo, incerta omnia sola mors certa.

domingo 15 de junio de 2008

Oh, les beaux jours!

We Go Together - John Travolta
Olivia Newton Jones y John Travolta. Grease. Veranos inolvidables. Como aquellos en los que también yo y mis hermanas y amigas llevábamos mallas de colores brillantes. Me acuerdo de unas de color fucsia. Me acuerdo de ellas en mis caminos, en la parada del 34 a la mañana, en el metro en Romana, en Universitatii o en Aviatorilor y sobre todo, al lado de la Televisión Rumana, royendo con ganas una eugenia, una galletita con relleno de chocolate gracias a la cual he crecido.
Todos estos son relámpagos puntuales, que me vienen según leyes que no consigo descifrar. La misma imagen puede servir de gatillo para recuerdos muy distintos. Esta vez, han sido las mallas de Olivia las que me han llevado al pasado, a esa Consuelita de pelo espeso, bien recogido en peinados complicados, muy preocupada siempre por no llegar tarde al entrenamiento. Tenía más miedos: los controladores, los encargados de verificar los billetes de los pasajeros en los tranvías y en los autobuses. Al principio, la ignoraban. Poco a poco, empezaron a pedirle el billete que nunca tenía. El agobio suyo de todos los días. La aterraba también ese lanzamiento de mazas del principio del ejercicio, el asimétrico con voltereta en el suelo. Y la clase de física: nunca se sabía cuándo iba la señorita Parneci a preguntarle la lección. Yo sigo teniendo pesadillas con aquellas clases de física, con la espera interminable, con el intento de influenciar sus pensamientos, que no mire hacia el lado de abajo del catálogo, abajo no, abajo no, Mihail, sí, me he librado, no, no vuelva la página, no, Iordachita no... el funcionamiento de la bombilla, noooooooo... Oh, les beaux jours!
Hay días que se contemplan mejor desde la distancia. Como las lecciones de física de la señorita Parneci.

viernes 13 de junio de 2008

Música casi rumana

Es muy difícil presentar esta canción. Lo mejor que se puede hacer es escucharla. Confío en que guste.
Vampire - Antsy Pants

lunes 2 de junio de 2008

"Am legat"/"Vendé", de Marin Sorescu

*
Am legat copacii la ochi / Vendé los ojos de los árboles
Cu-o basma verde / Con un pañuelo verde
Şi le-am spus să mă găsească. / Y les dije que me buscaran.

Şi copacii m-au găsit imediat / Y los árboles me encontraron en seguida
Cu un hohot de frunze. / Con una carcajada de hojas.

Am legat păsările la ochi / Vendé los ojos de los pájaros
Cu-o basma de nori / Con un pañuelo de nubes
Şi le-am spus să mă găsească. / Y les dije que me buscaran.

Şi păsările m-au găsit / Y los pájaros me encontraron
Cu un cântec. / Con un trino.

Am legat tristeţea la ochi / Vendé los ojos de la tristeza
Cu un zâmbet, / Con una sonrisa,
Şi tristeţea m-a găsit a doua zi / Y la tristeza me halló al día siguiente
Într-o iubire. / En un amor.

Am legat soarele la ochi / Vendé los ojos del sol
Cu nopţile mele / Con mis noches
Şi i-am spus să mă găsească. / Y le dije que me buscara.

Eşti acolo, a zis soarele, / Estás allí-dijo el sol,
După timpul acela, / Detrás de aquel tiempo,
Nu te mai ascunde. / No te escondas más.

Nu te mai ascunde, / Deja de esconderte,
Mi-au zis toate lucrurile / Me dijeron todas las cosas
Şi toate sentimentele / Y todos los sentimientos
Pe care am încercat să le leg / A los que traté de vendar
La ochi. / Los ojos.

Am legat, de Marin Sorescu -
*El cielo en Pamplona

Del ciclo "mirar el mundo con optimismo"

Lo digo siempre: con un poco de alegría se llega mucho más lejos que sin nada.
Hoy se me ha vuelto a presentar la prueba de ello. Ya sabía yo que algo bueno tenía que tener el estar en el médico. Y lo ha tenido: según una enfermera encantadora, muy, muy amable,... he adelgazado 5 kilos desde la última vez que me he pesado (enerito, febrerito, por allí).
So: who's the man, who's the man? Oh, yeah! Oh, yeah! Oh, yeah!!!!!

Me sé de unos a los que la noticia no les alegraría:
Quiero una novia pechugona - La Trinca

P.D.: Yuhu!!!

jueves 29 de mayo de 2008

Conversación de escalera


Tres escalones antes:
-¡Hola!, ¿qué tal?

En el mismo escalón, en ese instante inasible:
-Bien, ¿y tú?

Dos escalones después:
-¡Qué bueno!

Siete escalones después:
-¡Hasta luego!

sábado 24 de mayo de 2008

Trecut-prezent, prezent-trecut

Dragă Puşu,

În ultima vreme îmi aduc aminte mult de tine.
Telefonul nu mai suna - Sarmalele reci

Cu drag şi dor, a ta

Consuela